¿CREES CADA PALABRA DE LA BIBLIA? - Kris Vallotton

abril 13, 2016

Proverbios y Eclesiastés

¿Has dicho alguna vez, “Creo cada palabra de la Biblia”? Bien, ¡te conviene abrocharte el cinturón de seguridad para esto! ¿Sabías que el libro de Eclesiastés no fue escrito para que fuese verdad sino para demostrar lo que ocurre cuando Salomón, el hombre más sabio de la tierra, perdió su relación con Su Dios? ¡Es cierto! El libro de Proverbios fue la mayor contribución que hizo Salomón a la humanidad. Se escribió para revelarnos la sabiduría de un hombre que está en relación con Dios. Pero Eclesiastés trata de los pensamientos del hombre más sabio del mundo después de perder la relación con Dios.

Probemos con algunos versículos en Eclesiastés y veamos si puedes percibir algún error importante en los valores principales del pensamiento del anciano rey. Estos son algunos versículos a considerar. Permite que te dé una pista; la palabra “vanidad” es la palabra hebrea “hebel”. Significa vacío, fraude, engaño, futilidad o sin valor.

Dijo el necio rey, “El mismo destino espera al sabio que al necio, por lo que ¿para qué ser sabio?”. Pero en el libro de Proverbios, Salomón escribió que “mejor es adquirir sabiduría que oro fino” y deberíamos hacer todo lo que esté en nuestro poder para obtener sabiduría (Proverbios 16:16 y 23:23).

“He visto que la sabiduría aventaja a la necedad, como la luz a las tinieblas. El sabio tiene sus ojos abiertos, mas el necio anda en tinieblas. Pero también comprendí que lo mismo ha de acontecerle al uno como al otro. Entonces dije en mi corazón: ‘Como sucederá al necio, me sucederá a mí. ¿Para qué, pues, me he esforzado hasta ahora por hacerme más sabio?’ Y dije en mi corazón que también esto era vanidad” (Eclesiastés  2:13-15).

Date cuenta de que en los versículos siguientes Salomón piensa que dejar un legado a tus hijos es “vanidad”. Sin embargo, en el libro de Proverbios escribió, “La herencia del bueno alcanzará a los hijos de sus hijos…” (Proverbios 13:22).

“¡Que el hombre trabaje con sabiduría, con ciencia y rectitud, y que haya de dar sus bienes a otro que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y un gran mal. Porque ¿qué obtiene el hombre de todo su trabajo y de la fatiga de su corazón con que se afana debajo del sol? Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias, pues ni aun de noche su corazón reposa. Esto también es vanidad” (Eclesiastés 2:21-23).

El siguiente debería incomodarte. Este versículo podría ser uno de los valores principales de los evolucionistas, ¡solo que no es cierto! Hemos sido creados a la imagen y semejanza de Dios y, a diferencia de los animales, Dios sopló Su propio Espíritu en nosotros (Génesis 1:26-27).

“Pues lo mismo les sucede a los hijos de los hombres que a las bestias: como mueren las unas, así mueren los otros, y todos tienen un mismo aliento de vida. No es más el hombre que la bestia, porque todo es vanidad” (Eclesiastés 3:19).

Vanidad, Vanidad

Tal vez a estas alturas ya lo hayas adivinado, pero la premisa común en los versículos anteriores y el tema principal del libro de Eclesiastés es que todo es “vanidad”. Aunque Salomón mantuvo el don de sabiduría a lo largo de su vida, su relación rota con Dios y el hecho de ir tras ídolos falsos  vejaban su alma. Sus días, que una vez estuvieron llenos de vida a causa de su relación con Dios, ahora no tenían sentido. La depresión se apoderó de la sabiduría de Salomón y sus palabras se convirtieron en una mezcla compleja del bien y el mal.

Así, en un respiro, el rey Salomón escribiría una profunda verdad como…

“Mejor son dos que uno, pues reciben mejor paga por su trabajo. Porque si caen, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del que está solo! Cuando caiga no habrá otro que lo levante. También, si dos duermen juntos se calientan mutuamente, pero ¿cómo se calentará uno solo? A uno que prevalece contra otro, dos lo resisten, pues cordón de tres dobleces no se rompe pronto”. (Eclesiastés 4:9-12).

Y en el siguiente respiro, el anciano rey escribiría algo necio como… No seas demasiado justo ni demasiado malvado…el que teme a Dios se aferra a ambas realidades. ¿De qué está hablando Salomón? Compruébalo:

“No seas demasiado justo, ni sabio en exceso; ¿por qué habrás de destruirte? No quieras hacer mucho mal, ni seas insensato; ¿por qué habrás de morir antes de tu tiempo? Bueno es que tomes esto, sin apartar de aquello tu mano; porque el que teme a Dios saldrá bien de todo” (Eclesiastés 7:16-18).

¿El dinero es la respuesta a todo?

¡Mira esta! El dinero es la respuesta a todo. ¿En serio?

“Por placer se hace el banquete, el vino alegra a los vivos y el dinero responde por todo” (Eclesiastés 10:19).

¿Qué pasó con las sabias palabras que proclamó el rey en los años en los que caminaba con Dios?

“No te afanes por hacerte rico: se prudente y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, que son nada? De cierto se hacen alas como de águila, y vuelan al cielo” (Proverbios 23:4-5).

El corazón de Dios

Está bien, Kris, ¿cómo sabes que estos no son tan solo versículos contrastados? ¡Qué buena pregunta! Me alegra que me lo hayas preguntado. Los versículos contrastados deben ser ambos ciertos (como mínimo) en un cierto contexto o situación específica. Pero mucho de lo que escribió Salomón (no todo) en el libro de Eclesiastés nunca es verdad sin importar el contexto o las circunstancias en los que se encuentre. La vida en Dios nunca es vanidad. Nunca está bien ser un poco impío. El dinero nunca es la respuesta a todas las cosas. El final de los animales y el final de las personas no son el mismo, jamás. ¡Entiendes lo que digo! Leer la Biblia sin conocer el corazón de Dios y sin ser guiado por el Espíritu Santo puede llevar a engaño, esclavitud y hasta muerte.

Para saber más sobre este asunto, lee mi libro Diseñadas para Reinar.

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