CUANDO TUS LÍDERES NO TE RECONOCEN - Kris Vallotton

febrero 22, 2016

EL PROCESO

 

Se me olvida la cantidad de ocasiones en las que personas se han acercado a mí para decirme que sus líderes no reconocen su oficio de profeta o profetisa. Generalmente tienen algún tipo de palabra profética o experiencia personal en la que “Dios” los comisiona como profetas. Toman esto como licencia para operar en el oficio de profeta en su iglesia local o ministerio.

No se dan cuenta de que para tener autoridad en cualquier comunidad, deben tener el favor de Dios Y el favor de los hombres en sus vidas. De hecho, hasta Jesús mismo siguió “creciendo en sabiduría y estatura y en favor para con Dios y los hombres”, (Lucas 2:52, traducción libre al español).

 

SAMUEL Y EL REY DAVID

 

El rey David es un gran ejemplo de este principio. Dios dijo al profeta Samuel que ungiera a un hombre de la casa de Isaí como rey. El profeta fue a visitar la casa de Isaí y ordenó que todos sus hijos desfilasen delante de él. Cuando el último de los siete hijos se paró frente a Samuel, el profeta estaba desconcertado, “¿son estos todos tus hijos?”, inquirió Samuel.

“No, queda el más joven y está cuidando las ovejas”, respondió Isaí.

“Envía a por él y tráemelo”, insistió Samuel.

Cuando al final llegó David a la casa, el Señor dijo a Samuel, “Levántate y úngele; porque es él”. Entonces Samuel tomó el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos; y el Espíritu del Señor descendió de forma poderosa sobre David desde ese día en adelante, (ver 1 Samuel 16:1-13). Ahora bien, no solo fue David ungido como rey, sino que también el “espíritu del Señor se apartó de Saúl y un espíritu maligno enviado por el Señor lo asediaba”, (ver 1 Samuel 16:14).

 

LA LARGA ESPERA

 

Si no estás familiarizado con el relato bíblico, tal vez pienses que David se convirtió en el rey ese mismo día. Pero el hecho es que David no se convirtió en rey durante catorce largos años. Mientras tanto, Israel vivió con un rey injusto y loco hasta que finalmente murió en la batalla. David tuvo varias oportunidades para matar al rey Saúl pero se negó a “tocar al ungido de Jehová”.

Aunque el Espíritu de Dios se había apartado de Saúl, él seguía estando ungido para ser el rey. (Esto es una lección es sí misma para todos nosotros. Es normal que Dios unja a personas desprovistas de Su Espíritu para que dirijan. Mira Romanos 13).

 

LA UNCIÓN

 

Finalmente Saúl murió en la batalla y “los hombres de Judá vinieron y ungieron a David como rey sobre la casa de Judá”, (2 Samuel 2:4). Y después, siete años más tarde, “todos los ancianos de Israel se acercaron al rey en Hebrón, y el rey David hizo un pacto con ellos delante de Jehová en Hebrón; entonces ungieron a David como rey sobre Israel”, (2 Samuel 5:3). Es importante darse cuenta aquí de que David fue ungido para ser rey en tres ocasiones diferentes; una por Dios (a través de Samuel) y dos a través de personas.

 

ESPERA HASTA SER RECONOCIDO

 

Lo que intento recalcar aquí es que Dios tal vez te haya llamado a ser un profeta, pero hasta que los líderes en esa esfera de autoridad te reconozcan, inviten y empoderen para que tengas influencia y autoridad, solo eres un profeta para ti mismo. Un profeta es un líder y John Maxwell dice, “El que lidera y no tiene seguidores está tan solo dándose un paseo”.

Topics: Profético


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