ORACIONES PROFÉTICAS QUE INFLUYEN FORMAS DE PENSAR - Kris Vallotton

marzo 3, 2016

Orar por nuestros líderes nos guía a una vida tranquila, cosa que crea la atmósfera ideal para que la gente pueda conocer a Dios. 1 Pedro 2:17 dice, “Honren a todos, amen a los hermanos, teman a Dios y honren al rey”.

 

EL CORAZÓN DE LAS NACIONES

 

Yo creo que las naciones tienen un corazón. La justicia social brota cuando el corazón de la gente de ciertas naciones cambia. Por ejemplo, cuando comienzan a amar a sus niños, los cuidados de acogida y el abuso infantil disminuyen. O cuando aprenden a trabajar duro y prosperan, la economía mejora. Eso que llamamos “opinión pública” es, en realidad, el corazón de una nación. Podemos y debemos trabajar con individuos, pero existe una herramienta más poderosa para cambiar a la gente y es cuando logramos influir la manera en que “la mente colectiva” piensa acerca de la vida. Cuando la mente colectiva cambia, el comportamiento de esa nación cambia.

 

Jesús habló de “naciones oveja” y “naciones cabra”. Es claro que hay tanto juicios para individuos como juicios para naciones. Hay juicios para naciones porque la gente en su conjunto empieza a pensar como “un solo hombre”, es como si perdieran el sentido de pensar de forma independiente y abrazaran el pensamiento común. Esta mentalidad puede ser influida como lo fue en el tiempo bíblico de los reyes. Cuando los israelitas tenían un buen rey, servían a Dios; pero cuando tenían un rey malo, se apartaban de Él.

 

UN LLAMADO A LIDERAR

 

Discipular a las naciones consiste en sumergirlas en Dios (no en la religión) y en “enseñarles todo lo que les he ordenado”, como dijo Jesús. Enseñar a las naciones cómo pensar es el eje de un cambio cultural. Mientras los cristianos no sean valorados por la sociedad no pueden influir al mundo. Es imperativo que nos convirtamos en reyes capaces de aprender cómo la gente de la realeza se influye mutuamente. De no ser así, nos reducimos a nosotros mismos a mendigos sociales, esperando que la gente GRANDE sienta compasión de nosotros y ayude a nuestra causa. Esto reduce el mensaje cristiano a un grito de auxilio en lugar de un llamado a liderar. En otras palabras, no necesitamos que nuestra nación cambie para nuestro provecho, sino que tenemos un Reino viviente, perdurable e inconmovible que habita dentro de nosotros y que prospera bajo cualquier circunstancia. Necesitamos que nuestras naciones cambien por el bien del mundo entero. La cultura alrededor de ellas crea cierta seguridad hasta que reciben el Reino dentro de ellas.

 

El cristianismo no es una subcultura, más bien es una contra-cultura hasta que la mentalidad de una nación comienza a adoptar la mentalidad del Reino de Dios. Las subculturas son aquellas que existen bajo una cultura más poderosa. Los cristianos no somos subordinados, porque Dios nos ha asignado el nivel más alto de autoridad que existe en toda la Tierra. Sin embargo, es importante que aprendamos cómo portar esa autoridad. Si nosotros como creyentes nos volvemos combativos en lugar de “confrontativos” (sic), reducimos nuestra influencia al pequeño estanque de una iglesia y nos hacemos impotentes en medio del océano de la humanidad. Nosotros llevamos la autoridad de Dios por invitación a las vidas de la gente y las naciones, no por intrusión ni invasión. Aunque hemos sido llamados a ser combativos con los poderes de la oscuridad, hemos de confrontar a la gente de manera honorable demostrándoles los beneficios y recompensas de un Reino superior.

 

TRANSFORMACIÓN CULTURAL

 

Cuando los cristianos pierden su capacidad o su deseo de confrontar, empiezan a ser influidos por principados espirituales. Estas fuerzas demoniacas trabajan para destronar al Príncipe de Paz, que es el príncipe de los “principables” (sic) y entonces entronar al príncipe de las tinieblas. En consecuencia, los principios facilitadores de la cultura se vuelven demoniacos en lugar de ser inspirados por el Reino de Dios. Este príncipe de las tinieblas empodera una forma de pensar malévola que, en última instancia, guía a comportamientos destructivos. Pero cuando Jesús gobierna le da poder o autoridad a los principios del Rey de reyes para transformar la cultura a través de la mente de Cristo. En otras palabras, ¡la gente en esa nación empieza a pensar como Dios!

 

Hemos sido llamados a bautizar a las naciones dentro de un Dios Trino: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El Padre nos enseña cómo tener una autoridad sobre nosotros, Jesús nos demuestra cómo ponerte debajo de las personas y el Espíritu Santo nos muestra cómo caminar al lado de la gente. Necesitamos aprender a portar la autoridad superior que se nos ha delegado en una relación trina con el mundo.

Topics: LiderazgoSin categorizar


¡

comments