RESTAURACIÓN DE LIDERAZGO CAÍDO - Kris Vallotton

mayo 2, 2016

He estado escribiendo una serie de artículos sobre algunos temas controvertidos que han surgido una y otra vez con personas que están en contra de Bethel o que han malentendido nuestra postura en ciertas áreas. Comprueba mis artículos anteriores aquí, aquí y aquí.. Hoy hablaremos acerca de cómo Bethel lidia con el liderazgo caído.

Ha habido muchos líderes que han venido a pedirnos ayuda, algunos de ellos muy conocidos. Hemos lidiado con la mayoría de ellos en secreto y hemos tenido un gran éxito viendo cómo Dios restaura a muchos de ellos. Algunos de los líderes que han venido a pedir ayuda han tenido fracasos muy públicos. Creer en esta gente en medio de su crisis puede parecer irresponsable o ingenuo. Lo anterior es cierto especialmente cuando elegimos confrontarlos en privado pero darles poder en público.

Desafortunadamente, el internet está lleno de historias de esas pocas personas a las que amamos y con las que estamos trabajando. Las conclusiones a las que llega la gente (que no tienen un historial con nosotros) son interesantes, inquietantes y, a veces, hirientes. A menudo ignoran nuestras vidas personales, nuestros matrimonios saludables y nuestro propio esfuerzo por vivir con integridad, honestidad y autenticidad. En vez de eso, cada palabra, acción o actitud que han demostrado las personas a las que estamos ayudando se le atribuye a nuestras convicciones esenciales.

¿Lo hemos hecho todo bien al restaurar a la gente? ¡NO! Hemos aprendido con los años que hay muy buenos principios que ayudan a restaurar a la gente, pero no hay fórmulas mágicas que funcionen todas las veces. Hacemos lo mejor para amar a la gente y para discernir si el arrepentimiento es genuino o no. El problema es que algunos Judas parecen Pedros y, bueno, también algunos Pedros parecen Judas. Sí, tendemos a pensar en ellos como Pedros hasta que nos venden por treinta piezas de plata. Claro que para ese momento la gente está convencida de que se lo hacemos fácil a los mentirosos y a los ladrones.

¿Cuál es nuestro pecado? ¿Extender misericordia a personas que no se la merecen? ¿Confiar en la gente que todavía no está en sus cabales? ¡Tal vez! ¿O es más bien que damos esperanza a la gente que merece ser castigada? ¡Probablemente! ¿Somos demasiado permisibles con los pecadores, no enfatizamos suficientemente el sacrificio, nos negamos a pensar que las malas noticias son actos de Dios? Algunos así lo creen. ¿O tal vez somos sencillos y como niños en nuestro celo por ver a Dios demostrar Su amor y Sus fascinantes maravillas entre nosotros? ¡De eso sí somos culpables!

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