UNA CARTA ABIERTA PARA LA IGLESIA DE JESUS - Kris Vallotton

julio 11, 2016

 

DISTURBIOS EN LAS CALLES

Mientras escribo este blog, muchas de nuestras ciudades se encuentran en disturbios y caos. Amotinamientos están llenando nuestras calles, mientras la gente protesta sobre la injusticia y el prejuicio de nuestra sociedad. Se les ha disparado a muchos oficiales de policía, junto con muchos jóvenes de piel negra. Cientos han sido arrestados, mientras la policía antidisturbios intenta contener las multitudes, temiendo por sus propias vidas.

Activistas se paran en la calle clamando por justicia, mientras que la desazón reina en nuestras ciudades como una densa y obscura nube. Mientras tanto, nuestro presidente intenta calmar a nuestra nación y aliviar el dolor de la violencia.

Para empeorar las cosas, todo esto sucede teniendo como telón de fondo a Isis: asesinos en masa que matan a cientos de personas inocentes, violando mujeres y decapitando cristianos, y ¡todo en el nombre de Dios!

 

ALBERT EINSTEIN Y LA IGLESIA

En la agonía de la Alemania Nazi, cuando Hitler estaba exterminando a los judíos en sus campos de exterminio y la historia del mundo pendía de una balanza, Albert Einstein escribió, “Siendo un amante de la libertad, cuando la revolución vino a Alemania, miré hacia las universidades para que la defendieran, sabiendo que siempre se jactan de su devoción hacia la causa de la verdad; pero, no, las universidades inmediatamente guardaron silencio. Entonces miré hacia los grandes editores de los periódicos, donde esas flamantes editoriales en días pasados habían proclamado su amor hacia la libertad; pero ellos, al igual que las universidades, fueron silenciados en unas cortas semanas… Solo la Iglesia se mantuvo de pie interponiéndose en el camino de la campaña de Hitler por suprimir la verdad. Nunca tuve un interés especial por la Iglesia, pero ahora le tengo un gran afecto y admiración porque solo la Iglesia ha tenido el coraje y la persistencia de defender la verdad intelectual y la libertad moral. Por ello estoy forzado a confesar que lo que una vez desprecié ahora alabo sin reservas.”

Hace más de 2500 años, el gran profeta Isaías miró hacia el futuro y vio estos tiempos oscuros. Él describió esta condición de la siguiente manera: “Pero se alejó de nosotros la justicia, y no nos alcanzó la rectitud; esperamos luz, y he aquí tinieblas; resplandores, y andamos a tientas como sin ojos; tropezamos a medio día como de noche; estamos en lugares oscuros como muertos. Gruñimos como osos todos nosotros, y gemimos lastimeramente como palomas; esperamos justicia, y no la hay; salvación, y se alejó de nosotros. Y el derecho se retiró, y la equidad no pudo venir. Y la verdad fue detenida, y el que se apartó del mal fue puesto en prisión; y lo vio Jehová, y desagradó a sus ojos, porque pereció el derecho.” (Isaías 59:9-11, 14-15)

 

SOLUCIONES DIVINAS

El profeta tambaleaba con dolor mientras estaba con Dios en espera de escuchar la solución divina a esta obscura articulación. Fuera de su gran desaliento escuchó la respuesta del Creador, “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra., y oscuridad las naciones; más sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento. Alza tus ojos alrededor y mira, todos estos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos. Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de la naciones hayan venido a ti.” Isaías 60:1-5.

 

NUESTRO MEJOR MOMENTO

Iglesia, este es nuestro mejor momento. ¡Somos la luz de mundo! No nos escondemos de la oscuridad ni huimos de los problemas; nosotros brillamos en medio de ellos. Como la Iglesia de Jesús, a nosotros nos incumbe encontrar las soluciones divinas en medio de la injusticia social y disturbios civiles. Somos la respuesta de Dios a las oraciones de la sociedad; los embajadores sobrenaturales de Su divina sabiduría.

Nunca ha sido nuestro mandato el ser políticamente correctos, tampoco ser polarizados por las opiniones de los hombres. Debemos orar por la sabiduría de otra época, PERO entonces debemos actuar con diligencia y valor. No podemos retroceder en temor o reaccionar con amargura. Ni la retórica religiosa ni los lemas amables podrán aplacar los fuegos de odio y de la violencia. Tenemos que levantarnos con soluciones relevantes que verdaderamente resuelvan las injusticias de nuestros tiempos y liberen paz sobre la confusión en los corazones rotos.

 

ES TIEMPO DE BRILLAR

Debemos estar con los oprimidos y levantar no solo la voz de la razón, no solo la voz de la misericordia; sino que debemos alzar la voz de la declaración en la cual estos huesos muertos de las enfermedades de la sociedad se conviertan en un ejército resuelto.

¡Iglesia, hombres a sus puestos, despierten sus almas, encuentren su valor – es tiempo de brillar!

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