¿VINO JESÚS A JUZGAR AL MUNDO? - Kris Vallotton

abril 4, 2016

Probablemente suena atrevido decirle a la gente profética que nosotros tenemos la oportunidad de vivir en una dimensión en donde no experimentamos juicio alguno, especialmente porque este tema tiene mucho peso en el Viejo y Nuevo Testamento. Quiero aclarar a qué me refiero. Quizá hayas visto el juicio a través de los ojos del Viejo Pacto. Así que ahora veamos cómo se ve el juicio a través de los lentes rosados de la Sangre de Jesús.

LIBRADOS DEL JUICIO

Sabemos que Jesús murió por nuestros pecados, pero lo que muchos de nosotros no sabemos es que Él también murió para librarnos del juicio que esos pecados nos habían traído. Ese es el punto principal del versículo más famoso de la Biblia. Sería muy difícil encontrar a algún cristiano que no te cite Juan 3:16. Pero yo rara vez he conocido a ningún creyente que entienda que esta es una Escritura transitoria, el versículo en el cual toda la historia da un giro.

Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. (Juan 3:16-17)

Jesús continuó diciendo, “Si alguno escucha mis palabras, pero no las obedece, no seré yo quien lo juzgue; pues no vine a juzgar al mundo sino a salvarlo.” (Juan 12:47)

EL MANDATO DEL MESÍAS

Pero quizá la indicación más poderosa de que Jesús no vino a juzgar al mundo comenzó en lo que alguno teólogos llaman “El mandato del Mesías”. Hablar en las sinagogas en algunos sabbats era una costumbre de Jesús. La tradición nos dice que por cientos de años los rabinos habían colocado una silla en la sinagoga reservada para el Mesías y estaba prohibido que nadie se sentara ahí. Ellos creían que el Mesías vendría, citaría el mandato del Mesías y después se sentaría en la silla del Mesías. Después algo profundo pasó un día. Jesús entró a la sinagoga y se dirigió hacia La Silla. Puedes imaginar como el cuarto de repente se volvió intensamente silencioso, al mismo tiempo de que todo ojo del lugar enfocaba su atención en él.

Jesús se dio la vuelta para ver al magistrado y se le fue entregado el pergamino de Isaías. Él abrió el pergamino en el capítulo 61 del libro y empezó a citar el mandato del Mesías. Lucas recuerda sus palabras de la siguiente manera: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor.” (Ver Lucas 4:16-20, traducción libre) La congregación se levantó completamente perpleja mientras ¡Jesús devolvía el pergamino al magistrado y se sentaba en la silla del Mesías! Pero espera, Jesús hizo una profunda e intencional omisión mientras citaba Isaías 61. Observa con cuidado la profecía original y ve si la exclusión te llama la atención.

“El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivos y libertad a los prisioneros, a pregonar el año del favor y el día de la venganza de nuestro Dios.” (Isaías 61:1-2)

SIN VENGANZA

¿Te das cuenta de que la versión el Nuevo Testamento termina con “el año del favor del Señor” y no incluye el resto de la oración, “el día de la venganza de nuestro Dios”? La omisión fue intencional porque la misión de Jesús no era traer venganza, sino salvación (el año del favor del Señor) al mundo. El “año del favor del Señor” es una referencia clara al año judío del Jubileo. Este llegaba cada 50 años y era la época cuando todas las deudas se perdonaban y todos los esclavos eran hechos libres.

Jesús lo expresa de la siguiente forma en el evangelio de Juan, “El juicio de este mundo ha llegado ya, y el príncipe de este mundo va a ser expulsado.” (Juan 12:31). Desde la Cruz de Cristo, el juicio que ha sido soltado es en contra de la maldad y de sus demonios.

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